miércoles, 30 de mayo de 2012

VI



VI.


Juan Arsenio Valdés César.



He nacido sucio, desnudo, temeroso,…
bebiendo la humedad de la leche, ciego de su olor.
Sorprendido de instantes, poblado de lágrimas,
con la muerte pegada en la planta de los pies,
La lengua muda de serpientes y los brazos tendidos
dispuestos a mendigar
a pedir,
a buscar.


La tierra está poblada de seres como yo,
que no duermen, que llorando salvan al amor,
en una tarde de aguas
en un patio sin luz.
Con una dosis de luna, me olvido de morir,
Me estreno confundido, disperso, largo, penetrando en la piel de Dios,
Él que vive allá, en ese  Cielo lleno de alas,… y yo acá
en esta tierra poblada, de seres como yo.


Los ángeles mueren en nuestras miradas,
en nuestros ojos de piedra.
Les cae nuestro espanto, no se duermen
por temor a que se los coman nuestros gusanos.
Por temor a nuestras noches largas y de embriaguez
mueren en el sexo  húmedo de los satisfechos,
en el lamento quieto de un anciano ,en nuestros papeles
 y paredes.


Somos,…apenas algo que vive,
algo que busca.
Nos dejamos morir.
Olvidamos todo, confundimos todo,  nos dispersamos…
Nos callamos, esperamos,
el aire nos mueve cuando es fuerte, nos  refresca en el calor
nos deja vivir…
Nos han llamados hombres, y apenas somos algo que vive.
Dios nos penetra, entra, ve, calla y se retira.
Se retira sin silbar, no azota la puerta, no voltea.
Nos morimos.




martes, 29 de mayo de 2012

La hora de la unanimidad.





La hora de la unanimidad
Prensa Libre, La Habana, 13 de mayo de 1960
Luis Enrique Aguilar León


La libertad de expresión, si quiere ser verdadera, tiene que desplegarse sobre todos y no ser prerrogativa ni dádiva de nadie. Tal es el caso. No se trata de defender las ideas del Diario de la Marina; se trata de defender el derecho del Diario de la Marina a expresar sus ideas. Y el derecho de miles de cubanos a leer lo que consideren digno de ser leído. Por esa plena libertad de expresión y de opción se luchó tenazmente en Cuba. Y se dijo que si se comenzaba por perseguir a un periódico por mantener una idea, se terminaría persiguiendo todas las ideas. Y se dijo que se anhelaba un régimen donde tuvieran cabida el periódico Hoy, de los comunistas, y el Diario de la Marina, de matiz conservador. A pesar de ello, el Diario de la Marina ha desaparecido como expresión de un pensamiento. Y el periódico Hoy queda más libre y más firme que nunca.

Evidentemente el régimen ha perdido su voluntad de equilibrio.
Para los que anhelamos que cristalice en Cuba, de una vez por todas, la libertad de expresión. Para los que estamos convencidos de que en esta patria nuestra la unión y la tolerancia son esenciales para llevar adelante los más limpios y fecundos ideales, la desaparición ideológica de otro periódico tiene una triste y sombría resonancia. Porque, preséntesele como se le presente, el silenciamiento de un órgano de expresión pública, o su incondicional abanderamiento en la línea del gobierno, no implica otra cosa que el sojuzgamiento de una tenaz postura crítica. Allí estaba la voz y allí estaba el argumento. Y como no se quiere, o no se puede, discutir el argumento, se hizo imprescindible ahogar la voz. Viejo es el método, bien conocido son sus resultados.

He aquí que va llegando a Cuba la hora de la unanimidad: la sólida e impenetrable unanimidad totalitaria. La misma consigna será repetida por todos los órganos publicitarios. No habrá voces discrepantes, ni posibilidad de crítica, ni refutaciones públicas. El control de todos los medios de expresión facilitará la labor persuasiva: el miedo se encargará del resto. Y, bajo la vociferante propaganda, quedará el silencio. El silencio de los que no pueden hablar. El silencio cómplice de los que, pudiendo, no se atrevieron a hablar.
Pero, se vocifera siempre, la patria está en peligro. Pues si lo está, vamos a defenderla haciéndola inatacable en la teoría y en la práctica. Vamos a esgrimir las armas, pero también los derechos. Vamos a comenzar por demostrarle al mundo que aquí hay un pueblo libre, libre de verdad, donde pueden convivir todas las ideas y todas las posturas. ¿O es que para defender la justicia de nuestra causa hay que hacer causa común con la injusticia de los métodos totalitarios? ¿No sería mucho más hermoso y más digno ofrecer a toda la América el ejemplo de un pueblo que se apresta a defender su libertad sin menoscabar la libertad de nadie, sin ofrecer ni la sombra de un pretexto a los que aducen que aquí estamos cayendo en un gobierno de fuerza?


Lamentablemente, tal no parece ser el camino escogido. Frente a la sana multiplicidad de opiniones se prefiere la fórmula de un solo guía y una sola consigna, y una total obediencia. Así se llega a la unanimidad totalitaria. Y entonces ni los que han callado hallarán cobijo en su silencio. Porque la unanimidad totalitaria es peor que la censura. La censura nos obliga a callar nuestra verdad; la unanimidad nos fuerza a repetir la mentira de otros. Así se nos disuelve la personalidad en un coro colectivo y monótono.

Y nada hay peor que eso para quienes no tienen vocación de obedientes rebaños.



He aquí que el Profeta hable de los cubanos.



He aquí que el Profeta hable de los cubanos
Las Américas, Miami, diciembre 1986.
Luis Enrique Aguilar León.


Desde una roca en el puerto, el Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra natal había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria.

Había llegado la hora de partir. Atenuábase su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vacío de su ausencia.

Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo:
 Maestro, háblanos de los cubanos.

El profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:
«Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hace de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen.

«Nunca subestimes a los cubanos.
El brazo derecho de San Pedro es un cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos, y heretizan a los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada, y en los horóscopos al mismo tiempo. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. No creen en nadie y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones.


No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido… de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas.


Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De ahí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos es imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo, menos conseguir el aplauso de otros cubanos.


No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a comer, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino «al mejor restaurante del mundo». Cuando discuten no dicen «no estoy de acuerdo con Ud., dicen «Ud. está completa y totalmente equivocado».
Tienen una tendencia antropofágica: «¡Se la comió!», es una expresión de admiración, «comerse un cable», señal de situación crítica, y llamarle a alguien «comedor de excrementos» es su más usual y lacerante insulto. Tienen voluntad pirómana, ser «la candela» es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción, que llaman a las mujeres hermosas «monstruos» y a los eruditos «bárbaros», y cuando acceden a un favor no dicen «si» o «no», sino que dicen «sí, como que no».


Los cubanos intuyen las soluciones aun antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos «nunca hay problema». Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen «chico». Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva a visitar el estudio de un famoso pintor, se limitan a decir «a mí no me dio por pintar». Y, sin embargo, su hablar está matizado por los diminutivos. Piden «un favorcito», ofrecen «una tacita de café», visitan «por un ratico», y de los postres sólo aceptan un «pedacito».


Cuando visité su isla me admiraba su sabiduría colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo, enderezar a la América Latina, eliminar el hambre en África, y enseñar a los Estados Unidos a ser potencia mundial. Cuando quise predicarles mis ideas, empezaron por enseñarme como yo podía llegar a ser un buen predicador. Y se asombran de que las demás gentes no acepten cuan sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre Uds. Y no acaban de entender por qué ustedes todavía no hablan como ellos».


Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: «Decídase, mi hermano, dese un sabanazo y súbase ya, que ando con el schedul retrasao». El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.


El Profeta habla del regreso a Cuba





El Profeta habla del regreso a Cuba
El Nuevo Herald, Miami, 9 de junio de 2002
De Luis Enrique Aguilar León.


En cuclillas, a orillas del mar, el Profeta trazaba en la arena rasgos enigmáticos y observaba cómo las olas los borraban lentamente. Entonces un grupo de cubanos se le acercó y uno de ellos le dijo: «Maestro, háblenos de cuándo regresaremos a Cuba». Irguiendo la frente hacia el horizonte, el Profeta habló casi en susurro.


«Ustedes no están en Cuba, pero Cuba está en ustedes. Cuba es una isla cargada de dolor y de alegría. Aférrense a ese dolor, porque en él están las raíces de su pueblo; cultiven esa alegría porque ella es el carácter que salva a ese pueblo. Dondequiera que ustedes estén, el sufrimiento los hermana; donde quiera que ustedes canten, canta el indomable espíritu y la dolorosa esperanza de ese pueblo. Ustedes son una ola en el mar infinito de la patria. ¿Por qué preocuparse tanto por el 'cuándo van a volver', si ustedes no saben cuándo van a morir?


«Ustedes se afanan todos los días en sus menesteres, y hacen planes de futuro y no se preocupan por cuándo llegará el viento negro que borra los semblantes. Pues bien, trabajen con igual fervor por el retorno a la patria y no se preocupen por cuándo ha de llegar la hora del retorno. ¿O es que el amor tiene una cuota de tiempo y la esperanza un término fijo, y el deber un plazo limitado? Cumplid la cuota de deber de cada día y cada día mejoraréis la faz del futuro. Pero no le pidáis al futuro que os señale una fecha.


«Vivan con la ilusión del regreso, pero no crean que van a regresar a la ilusión. Las arenas del tiempo caen inexorablemente, y nadie retorna a su pasado o a su juventud. 'Generación va y generación viene, mas la tierra permanece siempre', dice la Biblia. Hubo una Cuba antes de vosotros y habrá una Cuba después de vosotros, pero la que ustedes conocieron y amaron no la han de encontrar jamás. Ella es parte de vuestra música y parte viva de vuestro dolor, pero el recuerdo amado es como la luz de un farol rodeado de sueños que se va extinguiendo en la mente.


«Aprendan la parábola de una madre prudente a quien su hijo le dijo: 'Madre, enseña a mi esposa a hornear el pan, porque el que ella me hace nunca sabe como el que tú me hacías'. Y la madre prudente le respondió: 'Ni yo ni nadie puede hornearte ese pan, hijo mío. Yo lo cocinaba para un muchacho de doce años que corría como el viento y tenía un voraz apetito. Mas tú eres ahora un hombre de cuarenta años volcado en el trabajo y los problemas. Yo puedo ofrecerte el mismo pan que siempre hago, pero no puedo devolverte la energía ni la voracidad de los doce años. Vuelve a tu esposa y aprende a disfrutar el pan de los cuarenta. El de los doce años nadie te lo puede devolver'.


«Cuidad de vuestros hijos, y no permitáis que la ilusión del regreso se convierta en tema que os separe de ellos. Ellos marchan detrás de ustedes, pero su visión cabalga a la vanguardia de ustedes. Y el futuro de la caravana está en las manos de aquéllos que sepan mirar con ojos firmes el mañana. Muchos cubanos han ayudado y van a ayudar al regreso, aun cuando ellos mismos no lograron o no lograrán regresar. Y en ellos alentó y alienta el verdadero amor a la patria. Pues, ¿quién tiene más mérito, aquél que trabaja esperando una recompensa o aquél que se sacrifica sin esperar recompensa? ¿Quién tiene más valor, quien siembra para recoger su cosecha, o quien siembra esforzándose porque la cosecha sea fecunda y a todos aproveche?


«Trabajad cada día para que haya una amplia y generosa cosecha que abrigue a los cubanos de hoy y a los de mañana. Y si alguien os critica venenosamente, no permitáis que el odio tienda sus negras alas en vuestras almas y cubra de resentimientos el futuro. No olvidéis que aun cuando parezcan triunfantes, los malvados saben cuán ásperas se tornan las horas del odio; y odiar al tirano no justifica derramar odio en todos los rincones. Vuestro pueblo marcha hoy malherido y necesita vasto apoyo y larga generosidad; ofrézcanle toda la cuota que puedan ofrecer. Y no olvidéis que no ha bastado aprender las palabras de vuestro apóstol para crear libertad; es necesario conocer su conducta, que debió haber sido modelo de ética en vuestra historia. De ahí que sea más sabio preocuparse más del cómo que del cuándo será el regreso».


Y el Profeta reclinó su mirada y volvió a trazar rasgos en la arena y a observar cómo las olas barrían lentamente las huellas de sus trazos.

Balseros cubanos


lunes, 28 de mayo de 2012

”Espacio Laical” busca “flexibilidad” para seguir apoyando la reforma raulista


Espacio Laical busca “flexibilidad” para seguir apoyando la reforma raulista

DDC | Miami

Un analista consideró este domingo que la revista católica Espacio Laical, tras cambiar de organización y director, busca "flexibilidad" para continuar apoyando la reforma raulista.

El cambio de entidad y jefe es "aparentemente cosmético", pero les permite "más flexibilidad para continuar apoyando el llamado proceso de reformas raulista, sin tener que subordinarse a la 'camisa de fuerza' que significa el ser el órgano oficial de una comisión de pastoral", señaló a DIARIO DE CUBA el historiador y analista católico Joaquín Estrada-Montalván.

La revista informó que ahora es un proyecto del Centro Cultural Félix Varela.

"Luego de un largo proceso de discernimiento, que abarcó todo el pasado año 2011, y previa consulta con el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, la revista deja de ser el órgano del Consejo de Laicos y se traslada hacia este nuevo espacio, más afín con la naturaleza de nuestra publicación", dijeron los editores en una nota de prensa.

El presbítero Yosvany Carvajal Sureda, rector del Centro Cultural, ha sido nombrado como nuevo director de la publicación. Roberto Veiga González y Lenier González Mederos fueron ratificados por el cardenal Ortega como editor y vice-editor de la revista, respectivamente.

Las diferencias con 'Vitral'

"El cardenal Jaime Ortega ha convertido Espacio Laical en lo que criticaba de Vitral, un órgano eclesial de un centro cultural, enfocado más en temas terrenales que en los estrictamente espirituales o doctrinales", apuntó Estrada-Montalván.

No obstante, indicó que a Vitral "tenía acceso un amplio espectro" ideológico, y su enfoque era "crítico con la dictadura de los Castro, por sus violaciones sistematicas a los derechos humanos", mientras que Espacio Laical "ofrece espacio solo a quienes piensan como ellos, y sus esfuerzos están centrados en lograr el triunfo de Raúl Castro".

"El consejo editorial de Espacio Laical expresa que el problema actual de Cuba está en quienes difieren radicalmente con el gobierno dictatorial de la Isla, y no en el régimen en sí, que es el responsable de más de medio siglo de ausencia casi total de derechos humanos", afirmó Estrada-Montalván.

El también autor del blog Gaspar, El Lugareño consideró que la posición del arzobispo de La Habana "de apoyo a Raúl Castro, o a sus reformas, enfocadas en mantener la dictadura infinitamente, no puede ser defendida desde un medio oficial que representa a un amplio sector pastoral, de hecho el mayor, pues los laicos son la mayoría de la feligresía".

Por su parte, Karina Gálvez, miembro del consejo de redacción de la revista independiente Convivencia, dijo desde Pinar del Río que el cambio de organismo podría apuntar "al aumento de los asuntos intraeclesiales en detrimento de los temas sociales".

"Quizás ayude en su trabajo al Centro Félix Varela, pero no me parece mejor que ahora tenga a un sacerdote como director, porque eso podría significar más control eclesial", añadió Gálvez.



Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.

Aristóteles






Aclaraciones a un editorial de "Espacio Laical"

¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados. Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!

Otto René Castillo

Aclaraciones a un editorial de 'Espacio Laical'


Antonio G. Rodiles y Alexis Jardines | La Habana-San Juan



El más reciente editorial de la revista Espacio Laical pone nuevamente en la mesa de debate varios puntos de vital importancia sobre el rumbo que debe tomar la transición cubana.


Primeramente, tenemos que decir que nos parece muy interesante que las circunstancias actuales empujen a los actores políticos a expresar públicamente sus posiciones. Se hace cada vez más difícil actuar "en lo oscurito" en una era donde la información fluye y se filtra con tanta facilidad. Este es un hecho que sin dudas sorprende a quienes se acostumbraron a intervenir tras bambalinas.


Dentro del escenario actual tiene lugar un intenso cabildeo destinado a lograr un relajamiento de la política del gobierno de EE UU hacia el régimen de la Isla. Esta embestida ocurre a través de tres actores diferentes. El primero es el Gobierno cubano, el segundo, la jerarquía de la Iglesia Católica, y el tercero, algunos sectores del exilio. Aunque varios analistas señalan el hecho como una coincidencia de intereses, pensamos que resulta poco casual este frente de acción.


La preocupación de muchos activistas por el papel que está jugando la jerarquía eclesiástica en este ajedrez político, ha ido acompañada de denuncias en diferentes medios de prensa. Estas recriminaciones jamás deben ser tomadas como un intento de golpear a la Iglesia cubana, como se desea hacer ver por ciertos grupos, sino como una llamada de alerta al papel que debe jugar esta institución y la preocupación de que pueda ser convertida en rehén de unos intereses particulares.


El editorial de Espacio Laical no solo ha salido a resarcir varios pasos en falso dados por miembros de su consejo editorial, sino también  "los tropiezos" del cardenal Jaime Ortega en su reciente viaje a EE UU. No debemos perder de vista que ya en días pasados el periódico Granma hacía una defensa del prelado, descalificando las críticas de sus detractores.


El reciente cabildeo tiene un perfil muy bien definido y va destinado a políticos opuestos al embargo, empresarios, grupos de estudio, universidades, entre los que sobresalen Brookings Institution, Council on Foreign Relations, Harvard University y CUNY. Curiosamente han desfilado por los mismos espacios personas ligadas a los tres sectores mencionados. Roberto Veiga, Jaime Ortega, Eusebio Leal, Arturo López Levy, Carlos Saladrigas son algunos de ellos.


Dentro de la Isla no podemos obviar el repudio que generó la conferencia sobre emigración cubana, realizada a principios de mayo y a puertas cerradas, y de la que fueron excluidos activistas católicos como Dagoberto Valdés y Oswaldo Payá, así como el académico Juan Antonio Blanco, actualmente residente en Miami,  a quién el gobierno cubano le anunció que no lo dejaría entrar.


En días recientes un grupo de académicos norteamericanos y cubanos, afiliados a las instituciones oficiales, se han pronunciado por la aplicación de medidas que flexibilicen las relaciones entre ambas naciones. En este escenario  aparece un nuevo grupo llamado CAFE, en el que sobresale Arturo López Levy, al que se le ve, no solo como parte del equipo de Espacio Laical, sino también de las campañas en favor de los cinco espías condenados en EE UU.


Resulta cuando menos sospechoso la sincronización de este frente: Iglesia Católica, Gobierno cubano y emigración complaciente.


Como explicó Carlos Saladrigas en su conferencia realizada en el centro Félix Varela, es casi imposible que se produzca un cambio de política de la administración Obama hacia la Isla en pleno año electoral. Sin embargo, es evidente que esta estrategia apunta a que se produzcan cambios en caso que el actual presidente fuera reelecto.


Como hemos referido anteriormente, el estado ruinoso del país y la incierta situación de Hugo Chávez, entre otros factores adversos, obligan a la elite gobernante a una búsqueda apresurada para solventar su transmutación y en especial garantizar el futuro de sus herederos. La pregunta es: ¿Cómo encaja Jaime Ortega en este plan?


En el editorial publicado por Espacio Laical hay varios aspectos a señalar. El primero que consideramos importante es el protagonismo político que le asigna a la Iglesia, afirmando que ésta ha sido quien ha jugado el papel más activo en la construcción de una visión global para los cambios en Cuba.


Lo que de plano ignora este editorial es que no es a la Iglesia a quien le corresponde construir una alternativa de nación, eso le toca a la sociedad civil. Por lo tanto resulta realmente sorprendente que este grupo desee ocultar el trabajo que por años han realizado tantos actores políticos, llegando a pagar con largas condenas y hasta con su vida el compromiso asumido con la democratización de la Isla. La constante referencia a su propia plataforma a título de solución única es, cuando menos, ofensiva. Pero esto no es todo. ¿Cómo decir que desde la oposición no hay un proyecto de nación? ¿Cómo asegurar que quienes reclaman el fin de una dictadura carecen de legitimidad?


También resulta curiosa la vehemencia con que el Cardenal ha asumido una tarea que le trasciende. Su papel cuando más debe ser el de mediador, en caso de ganarse la confianza y el respeto de las partes en conflicto, y no como activista totalmente parcializado.


El editorial de Espacio Laical pretende obviar un hecho crucial e imposible de eludir y es que en nuestro país vivimos bajo una dictadura que ya cumplió 53 años. Dictadura que ha sido manejada por el mismo grupo desde aquel lejano 1959, dictadura que no admite renovación ninguna y que obliga a su reemplazo por una democracia.


Otro de los argumentos manipuladores del editorial es el relacionado con las sanciones económicas impuestas por el gobierno de EE UU al Gobierno cubano. ¿Por qué tendríamos que repudiar que se sancione a un Gobierno que no manifiesta ningún interés en mejorar las condiciones de sus ciudadanos y en cambio no escatima recursos destinados al aparato represivo?


¿Por qué tendríamos que apoyar que el Gobierno incremente aún más sus deudas, sabiendo de antemano que ese dinero nunca se revertirá en un desarrollo integral del país?


El tema del nacionalismo es otro punto curioso. ¿De qué soberanía hablan cuando la economía actual ha sido mantenida a través de las subvenciones externas y los cubanos hemos sido y seguimos siendo discriminados en nuestra propia tierra?


Si bien, como plantea el editorial, en algún momento el Cardenal tuvo una actitud digna ante injusticias cometidas, ¿por qué no hemos escuchado nuevamente su voz ante las constantes violaciones de los derechos humanos en la Isla? ¿Dónde estuvo cuando el asesinato de los tres jóvenes después de una farsa judicial, cuando murieron Orlando Zapata Tamayo, Wilfredo Soto y Wilman Villar?


¿Dónde estuvo su voz de denuncia durante la ola de arrestos en la reciente visita del Papa a nuestro país? ¿Dónde está cuando se realizan los cotidianos y despreciables actos de repudio en la Cuba actual?


Tenemos que aclararles a los autores de ese texto que hablar sin contorsionismos de la realidad que se ha vivido y se vive en Cuba no es odio. Llamar asesinos a los responsables principales de la muerte de miles de cubanos no es prejuicio y mucho menos falta de inteligencia política.


La inteligencia implica un acercamiento certero a la realidad, y la realidad en Cuba ha sido y es cruda. Si bien el diálogo debe tener toda la prioridad como vía de solución a nuestro prolongado conflicto, la verdad no puede quedar a un lado si deseamos que ese diálogo sea creíble.


La reconciliación no es incompatible con la justicia. Todo lo contrario: para que exista reconciliación debe haber justicia. Eso sí, no una justicia que devenga en circo, sino una justica que respete la condición humana de cada individuo. Si la jerarquía eclesiástica habla tan a la ligera, y con una visión falsa de reconciliación, no se debe esperar otra cosa que el descrédito.


La Iglesia Católica pudiera estar llamada a jugar un papel trascendente en la transición; pero eso solo será posible si se gana el respeto y la confianza de todos aquellos que buscan una nación moderna y democrática.

Dios perdonará a los que le niegan; pero ¿qué hará con los que cometen maldad en su nombre?
Jacinto Octavio Picón



  

miércoles, 23 de mayo de 2012

Los hijos de los Castro se sentaban a mi lado



Antonio Castro Soto del Valle.






Los hijos de los Castro se sentaban a mi lado


Jorge Ignacio Pérez / Barcelona




Un día cualquiera de verano, en vacaciones, llegó a casa un telegrama proveniente del Ministerio de Educación. Mi madre lo leyó a solas y luego se dirigió al teléfono para darle la noticia a mi padre:

—Roberto, tu hijo Jorge ha sido designado para estudiar en una escuela especial. Debemos presentarnos en el Ministerio de Educación este lunes.

Sonaba extraño el comunicado, pero, aun así, mi madre se colocó una sonrisa. Después de colgar, me dijo que ella estaba segura de que algún día su más pequeño heredero le daría una gran satisfacción, pero que no sabía cuál era.

El lunes regresaron juntos a casa, porque, a pesar del divorcio, se llevaban bien y eran capaces de almorzar en la misma mesa en algunas ocasiones.

La información que yo tanto esperaba era la siguiente:

—Mi amor, por tus buenas notas, porque según nos dijeron has resultado el mejor expediente del municipio Plaza de la Revolución, por tus buenas notas fuiste elegido para estudiar en una Escuela de Formación de Cuadros Pioneriles.

Las mayúsculas del citado colegio se vieron dibujadas en sus rostros, en los inmensos ojos brillantes y llenos de gloria de mis padres, jóvenes todavía porque en realidad se habían casado con 19 años él y con 18 ella.


Alina Fernández Revuelta es la hija ilegítima, pero reconocida, por Fidel Castro.



Aunque con esa noticia no fue que comenzó todo.

Cuando terminaron las vacaciones, el primer día de clases, tenía un autobús esperándome en la puerta de casa a las siete de la mañana. El conductor, se presentó. Se llamaba Domingo.

La escuela, Esteban Hernández —todavía no sé quién fue, sinceramente—, cambió su nombre justo cuando me matricularon. Desde entonces se denominó Victorias del Socialismo.

Era una antigua casona de la burguesía habanera, situada en el misterioso barrio de La Coronela, en el término territorial de Cubanacán. Quedaba cerca del Palacio de las Convenciones y del Instituto Superior de Ciencias Médicas, Girón; o sea, tan lejos de mi casa que si no hubiera sido por el gran chófer Domingo (durante el curso entero usó el mismo perfume dulzón que hube de recordar muchos años después cuando un golpe olfativo, ya de adulto, me llevó de vuelta a sexto grado), mi madre no hubiera podido llevarme.


1. Alejandro Castro
2. Antonio Castro
3. Nieto de Fidel, hijo de Alexis Castro
4. Alexis Castro
5. Dalia Soto "Lala" [esposa de Fidel]
6. Hija de Alex
7. Angel Castro y delante su esposa Annie Montero


Desde afuera, en la rotonda de La Muñeca, no se veía absolutamente nada, solo una cerca muy extensa forrada con arecas. Enseguida me asignaron una taquilla, una preciosa profesora de ruso, un maestro de natación, otro de carpintería, otro de huerto escolar, otro de matemáticas, geografía y asignaturas básicas; un instructor de judo y una dietista personal.

Alejandro Castro.


El jardinero era el mismo que limpiaba la piscina. Apenas hablaba con nadie, pero, al menos yo, le tenía miedo. Sabía que llevaba pistola. Fue la primera observación que hice.  Para mí no era una escuela, sino un centro especial, nada más. Un recinto apacible, eso sí, pero riguroso porque nos obligaban a dormir las siestas con música indirecta, baja en decibelios.

El maestro principal y guía de grupo se llamaba Dagoberto. Era un trigueño —moreno de piel— con rostro duro y nariz prominente. Durante los nueve meses lo observé continuamente porque tenía actitud de llevar pistola y, sin embargo, usaba la camisa por dentro.


Fidel Castro Dìaz-Balart

Entre los veintitantos alumnos, había un rubio a mi lado que se llamaba Antonio. Me llamó la atención que no subiera nunca al autobús. Mientras esperábamos a Domingo, aparecía un Lada rojo muy moderno conducido por una mujer relativamente joven, alta, recta y también misteriosa. Antonio subía al automóvil y se marchaba antes que nosotros. Yo lo seguía con la vista igual que al profesor Dagoberto.

Los muchachos de mi barrio, sus padres y vecinos no tan cercanos, llegaron a pensar que yo tenía algún problema.

Retraso mental, quiero decir.
Fue la única respuesta que dieron a ese autobús gris de Transportes Escolares detenido en la puerta de mi casa.

Muy cerca, a unos quinientos metros, Domingo se detenía otra vez para recoger a una niña delgadita y muy buena que se llamaba Celia Haydée. Ella y yo nos sentábamos juntos en el autobús.

El curso terminó y a algunos nos distribuyeron por becas en el campo, en las afueras de la ciudad, mientras otros, como Antonio y Celia Haydée, fueron dirigidos a otras escuelas especiales de enseñanza media.


Alex Castro

A mí me enviaron a Gilberto Arocha —entonces no sabía bien quién era—, en el municipio rural de Güines, de donde mi madre me tuvo que sacar a los pocos meses porque casi me matan con un golpe en la cabeza, propiciado con un rodillo de limpieza. Allí había niños delincuentes cuya afición era pelearse a puñetazos con otros niños, elegidos aleatoriamente.

Con el paso del tiempo, logré atar cabos sueltos y supe de buena tinta que Antonio, mi compañero de pupitre en la Escuela de Formación de Cuadros Pioneriles, era uno de los hijos ocultos del Presidente de la República, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba —partido único— y Presidente a su vez de los Consejos de Estado y de Ministros, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.


Ángel Castro Soto del Valle


Lo supe porque alguien que, muchos años después, estudió Ortopedia con él, me lo dijo. De ahí que aquella mujer elegante y rubia que iba a recogerlo en un Lada rojo fuera Dalia Soto del Valle, la secreta amante y madre de varios hijos varones que el presidente no tenía a bien mostrar en público.

El resumen de todo esto —pensaba yo un buen día—  es que me escogieron de figurante, al cambiarme de escuela primaria por decreto estatal, y arrancarme amigos, juegos predilectos, tiempo de béisbol, capturas de lagartijas, en una especie de campo baldío que teníamos al lado de casa.

La cosa, sin embargo, no había comenzado con el telegrama del Ministerio de Educación (ya podía haberlo llevado directamente el ministro Fernández, que vivía, entonces, en la esquina de mi casa).

Había comenzado en otra escuela especial que aparentemente no lo era.

Porque en mi primaria de zona, llamada Gustavo y Joaquín Ferrer —de éstos sí supe que eran primos de Hubert de Blanck, un pianista cubano de origen holandés— estudiaba un hijo del hermano del Presidente de la República, o lo que es lo mismo, un hijo del Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y General de Ejército Raúl Castro Ruz, hoy ocupando el puesto de Fidel por decreto directo de su propio hermano o del Estado, que es lo mismo.

También ese niño, llamado Alejandro, se sentaba a mi lado, y también era austero, como Antonio, aunque menos tranquilo.

Les enseñaron a ser austeros y a no alardear de cosas materiales. El recuerdo más vivo que tengo de Alejandro es un sacapuntas exclusivo que yo soñaba tener.

Antonio Castro


De los Castro no se puede decir, o no está comprobado, que sean rústicos transmisores de la opulencia, al estilo de jeques árabes. Su crueldad, como contrapartida, radica en dictar decretos a mansalva y enviar telegramas capaces de cambiar la vida de una persona, ya sea destinándola a una eufemística Escuela de Formación de Cuadros Pioneriles o a una guerra en África, de la que muchos jamás volvieron.


NATALIA "NATI" REVUELTA